¿Qué nombre deberíamos darle a esas narraciones que construyen conocimiento desde la exposición de una experiencia que es al mismo tiempo personal y profundamente colectiva? En este texto quiero releer a Audre Lorde a la luz del concepto de memorias plásticas, que surge de una triple conjunción entre las escrituras autobiográficas puestas en marcha por autoras y poetas negras y chicanas de los años 70 y 80 del siglo XX en EEUU, la idea de plasticidad desarrollada por Catherine Malabou y el concepto de figuración articulado por la filósofa Rosi Braidoti. Las memorias plásticas surgen de la mano de aquellas formas de escritura autobiográfca que buscan hacer estallar los mandatos dominantes del género, la raza y la sexualidad, poniendo en evidencia sus silencios. Una memoria plástica es una reapropiación de la palabra desde la que se desenvuelven distintos intentos por valorar historias descorridas de los horizontes normativos. […]
La pregunta que sigue resultando crucial para las conversaciones del nuevo materialismo feminista es « ¿Cómo se materializa la teorización?» y « ¿Cómo importa?» (considerando los dos sentidos de matter como «materia» e «importar»). Al interpretar los movimientos feministas postestructuralistas de manera afirmativa, este texto pretende enfatizar la relevancia de ir más allá de la costumbre filosófica que constituye el pensamiento incorpóreo «desde ninguna parte», es decir, planteado desde una «masculinidad abstracta» o neutra […]
La mujer es el artefacto político que no consigue asumir la soledad, siempre en busca de quién la complete, de quién la ampare, la proteja, la cobije, la resguarde, siempre esperando al príncipe o -la princesa- azul, siempre aguardando algo que estimule su abúlico tedio existencial femenino hegemónico de ángel del hogar sin más afirmación que su melancolía. La soledad en el desierto es la forma que reviste el medio de encuentro de quien procura desertar de las formas del yo-soy-mujer, llevándose en la retirada y el éxodo las armas y los afectos necesarios. […]