El feminismo académico anglo-americano dedicado a la ciencia ficción está desarrollando las habituales tareas feministas, no sin contradicciones: recuperar figuras femeninas olvidadas (tanto autoras como personajes), revisar al alza la reputación de escritoras ya conocidas con vistas a reformar el canon, y escribir una “ginohistoria” del género. Esta ginohistoria, no obstante, suele aparecer o bien como adjunto menor en la historia de la ciencia ficción masculina (lo que Duchamp llama ‘malestream’), o aislada en la crítica feminista. De hecho, y lamento pronunciarme en este sentido, el proyecto separatista feminista académico no sólo distorsiona la genealogía e historia de los géneros que estudia sino que además no ha conseguido interesar a los hombres, a quienes apenas se dirige. […]
La relación entre psicología y feminismo ha sido persistente, continua y productiva en el tiempo, a pesar de tomar formas contingentes, histórica y geográficamente. El cuestionamiento a los modos en que asumimos y entendemos la construcción de la realidad -y de lo que aceptamos o descalificamos como conocimiento- demanda la consideración de la ética como una dimensión que no puede estar ajena a los intereses individuales y sociales. La problematización asociada la dicotomía de lo público y privado permite visibilizar, por ejemplo, cómo -y pese a las denuncias progresivas en el devenir de los años- todavía el ingreso de las mujeres al espacio público está lejos de inscribirse de manera completa. La escasa reflexión moral y política en cuestiones como la división del trabajo por género al interior de las familias, así como las preocupaciones de las mujeres siguen permaneciendo invisibles en las teorías contemporáneas de justicia y comunidad […]
¿Cómo creer que lxs pacxs son capaces de violar, de pegarles a las personas, así como lo han hecho? Es la pregunta que nos formuló la madre de una joven lesbiana violentada por carabineros, el día que fuimos a visitarla para insistir en que la joven formalizara la denuncia. Ella no nos habló de la violencia sufrida por su hija y durante la conversación ninguna de nosotras mencionó palabra alguna asociada a lesbianismo. Si ella no lo hacía, no lo haríamos nosotras, aun cuando sabíamos que su hija no lo ocultaba. Pensamos en la densidad de ese silencio y en cómo éste era parte de una trama más amplia de poder que colaboraba con que este tipo de violencias se desdibujara. […]