En el año 1991 organicé en Lugar de Mujer* talleres de sexualidad femenina llamados “mujer, cuerpo y placer”. La propuesta del trabajo constituía un desafío ante las imposiciones de la cultura heterosexista que condiciona la relación con nosotras mismas y con los/las demás, a través de la negación del cuerpo y de nuestra sexualidad.
El silencio fue el primer muro que apareció como defensa de la vergüenza y el miedo que se habían ido instalando subrepticiamente dentro de nosotras.
Luego, la desinformación de aspectos relativos a nuestra erótica y al placer, sostenida desde los mitos y los temas tabú. En ese momento me impactó la vigencia de aquellos textos que hablaban de los mandatos ancestrales del sistema hegemónico en tanto mujeres exiladas del poder. Y no existía correlación entre esa desinformación y el nivel de instrucción, todas sabían más o menos lo aprendido (lo enseñado) y operaban desde ahí. El placer y los recorridos de la erótica eran poco conocidos/frecuentados por la mayoría de las mujeres participantes. […]
En este artículo avanzo en una caracterización e historización del movimiento de lesbianas en América Latina a través de rastrear lo que considero “ejes de disputas fundamentales” que hemos tenido a nivel regional. Muestro la manera en que estas disputas y dilemas vividos a nivel de la praxis política están emparentados con disputas a nivel del desarrollo de las ideas sobre la sexualidad, el género y las interpretaciones de la opresión desarrolladas por teorías vigentes, circulantes en América Latina. Inicio proponiendo algunas hipótesis que sustentarían la construcción de un método para analizar e historizar el movimiento de lesbianas a nivel regional. Dado que el trabajo ha sido escrito en dos momentos distintos del desarrollo de mis ideas concluyo mostrando el problema de la dependencia académica y la necesidad de observar nuestros movimientos desde un análisis geopolítico crítico de la colonialidad. […]
En la escritura de las mujeres de color, la mujer, la experiencia, la diferencia y la identidad se tornan articulaciones ya no lineales sino desmontables, que requieren ser revisadas desde espacios capaces de movilizar ya no sólo certezas o verdades últimas, sino más bien, preguntas, dudas y contradicciones. […]