La relación entre psicología y feminismo ha sido persistente, continua y productiva en el tiempo, a pesar de tomar formas contingentes, histórica y geográficamente. El cuestionamiento a los modos en que asumimos y entendemos la construcción de la realidad -y de lo que aceptamos o descalificamos como conocimiento- demanda la consideración de la ética como una dimensión que no puede estar ajena a los intereses individuales y sociales. La problematización asociada la dicotomía de lo público y privado permite visibilizar, por ejemplo, cómo -y pese a las denuncias progresivas en el devenir de los años- todavía el ingreso de las mujeres al espacio público está lejos de inscribirse de manera completa. La escasa reflexión moral y política en cuestiones como la división del trabajo por género al interior de las familias, así como las preocupaciones de las mujeres siguen permaneciendo invisibles en las teorías contemporáneas de justicia y comunidad […]
“Potencia tortillera” puede ser considerado un palimpsesto porque conserva huellas de prácticas políticas anteriores borroneadas por escrituras renovadas, lecturas novedosas y el ímpetu festivo y contestatario de configurar un espacio de pensamiento acerca de nuestras vidas como lesbianas, mujeres, marimachas, blancas, trabajadoras, artistas, de diversas geografías del país. […]
En este trabajo planteamos que la estructura de oportunidades para la acción feminista se ha abierto bajo la administración Bachelet, pero que la política de la representación característica de los movimientos históricos no es la única -ni la más efectiva- alternativa para avanzar demandas de género. Un análisis de la fragmentación de los movimientos de mujeres post dictadura indica la necesidad de atender al problema que plantea para los movimientos sociales el forjamiento de una identidad que represente al grupo. […]