¿Y si la familia no fuera el único horizonte posible, ni siquiera el más deseable? Este libro se propone algo impropio: cuestionar la familia. Ciertamente, para aquellos que tienen suerte, las familias pueden estar llenas de amor y cuidado pero, para muchos otros, son lugares de dolor, de abandono, de negligencia e incluso de abuso y violencia. De hecho, se sabe que la mayoría de los abusos se dan en la familia. Pero incluso en las llamadas familias felices, el trabajo no remunerado y no reconocido, que se necesita para criar a los hijos y cuidarse unos a otros, es interminable y agotador. Para Sophie Lewis las cosas podrían ser, sin duda, de otro modo. Y por eso se propone defender esta «infame propuesta»: abolir la familia.
En esta dirección, Lewis rastrea la historia de las demandas abolicionistas de la familia, desde el socialismo utópico de Charles Fourier hasta el Manifiesto comunista y los escritos de la bolchevique rusa Alexandra Kollontai; desde la política antifamilia, tan característica de la década de 1960, en feministas radicales como Shulamith Firestone y los homosexuales progresistas, hasta los marxistas queer del siglo XXI. La conclusión no deja de ser radical: solo pensando más allá de la familia podemos comenzar a imaginar lo que podría venir después. […]
Este trabajo se pregunta cómo pensar sobre interacciones íntimas, cotidianas de resistencia a la diferencia colonial, definiendo intimidad no exclusivamente ni principalmente en términos de relaciones sexuales, sino de la vida social entretejida entre personas que no están actuando como representantes o funcionarias. Se parte de la idea de que la lógica categorial dicotómica y jerárquica es central para el pensamiento capitalista y colonial moderno sobre raza, género y sexualidad, y de que los colonizados fueron definidos desde el primer momento de la colonización como no-humanos, cuya animalidad les impedía ser vistos como hombres y mujeres, aun considerando a las mujeres blancas como no-hombres. Se muestra el vínculo entre la introducción colonial del concepto instrumental moderno de la naturaleza que es central para el capitalismo, y la introducción colonial del concepto moderno de género. Se propone un feminismo descolonial, con un fuerte énfasis en una intersubjetividad historizada, encarnada, entablando una crítica de la opresión de género racializada, colonial y capitalista, heterosexualista, como una transformación vivida de lo social. En oposición a la jerarquización dicotómica que caracteriza la colonialidad capitalista y moderna, se plantea el movimiento hacia la coalición que nos impulsa a conocernos el uno al otro como sí mismos que son densos, en relación, en socialidades alternativas y basadas en formas tensas, creativas, de habitar la diferencia colonial. Para ello es necesario el análisis de la opresión de género racializada y capitalista, es decir, de “la colonialidad del género”, a fi n de vencerla mediante el “feminismo descolonial”. […]
Este libro es a la vez programático y un artificio de composición. Se divide en ocho capítulos por la simple arbitrariedad de tomar en serio el número con el que organizamos los puntos del documento colectivo para el Primer Paro Internacional de Mujeres del 8 de marzo de 2017.Sin embargo, como sucede a veces mágicamente (o por la eternidad de los astros o por el destino de las estrellas), el número encajó. Y coincide con una serie de problemas que conforman la trama de este texto; cada capítulo tiene un título-problema y, al mismo tiempo, se puede decir que las cuestiones se repiten, reaparecen, vuelven e insisten, saltando de un capítulo a otro. A pesar de nominarlos como problemas diferentes, hay algo del método de tratarlos que los entrelaza. Se puede decir que son siempre las mismas cuestiones las que se ponen en juego pero bajo un tono, un modo de luz y una velocidad que las hace diferir. […]