En este texto, Monique David-Ménard hace un recuento de la posición del “cuerpo viviente” dentro de la filosofía de Judith Butler, explorando relaciones en cuanto a su articulación y los mecanismos culturales que lo someten. También observa las fuentes deconstruccionistas y psicoanalíticas del trabajo de Butler, mostrando la forma en que éstas son interpretadas en un pensamiento cuyos ejes son el género, la cultura y las relaciones de poder […]
Es labor de la postpornografía hacer que sexualidades otras y formas nuevas de follar salten al panorama público y, por tanto, político; su discurso crítico revisa la historia del porno desde el post-feminismo y las luchas homosexuales para ganar un espacio de representación y consumo de la sexualidad y permitir la visibilización de lo otro, antes ausente en la pornografía. El postporno, comprendido como representación propia del movimiento queer, alberga en su centro dinámicas de empoderamiento, en estrecha relación con estrategias de apropiación; es toma de poder en si mismo, pero también representación de apropiaciones posibles y creador por tanto de realidades disidentes del discurso normativo. El empoderamiento se juega tanto en el exterior como en el interior del postporno, siendo a la vez agente y documento de apropiaciones.
Indagando en el interior de la narración postpornográfica descubrimos elementos que actúan apropiaciones de poder; la propia historia del postporno habla de la puesta en juego de estrategias de empoderamiento. Identificando estos elementos como actantes, se muestra atractiva la búsqueda de un modelo que permita sondar los mecanismos de empoderamiento jugados dentro de las narraciones postpornográficas; por ello, veremos de qué manera la semiótica se acerca a la propuesta contracultural de este asalto al poder en el porno. […]
El texto se juega en una clasificación provisoria para un (in)cierto orden de los feminismos del Sur. Desde la forma en la que se (auto)denominan o se (des)nombran los feminismos, se invita a recorrer y saltar por tres casilleros. En el primero, los feminismos se aluden, se nombran, se distinguen de otros. El segundo casillero elude las denominaciones en los bordes y las desfiguraciones de los nombres. El tercer espacio se abre a poéticas de la ilusión que, desde el arte, dicen de otros modos los feminismos del Sur. […]