Durante años se ha supuesto –sin hacer demasiadas preguntas– que existiría un punto de unión indivisible entre el feminismo y las mujeres, o más bien entre las prácticas y las políticas feministas y el hecho de ser mujer, como si ambas categorías, sobre todo la de mujer, existieran más allá de todas las demás estructuras que nombran, norman y jerarquizan el mundo. Sin embargo, sabemos que para el caso especifico de las identidades y las estructuras sexo-genéricas, aquello que observamos como cierto e irreductible, es decir, como lo natural, es en realidad una construcción simbólica muy bien articulada, generada y reforzada por tecnologías biopolíticas y de control, que actúan atravesando todos los cuerpos y las estructuras simbólicas que encuentran a su paso. […]
En este artículo sobre arte, tecnología y feminismo reivindico el papel de las escrituras y formas de hacer en relación a los discursos, así como la coherencia de dicho posicionamiento en todo ejercicio crítico del feminismo frente al logocentrismo. […]
Este texto busca proponer caminos de lectura posibles para acercarse a los modos en los que han sido desarrollados los conceptos sexo, género y mujeres desde las flosofías feministas contemporáneas siguiendo, para ello, una genealogía amplia que se reconoce marcada por el posestructuralismo y la crítica postmoderna, así como también por los feminismos ligados al horizonte cultural de las mujeres de color y la teoría queer. La propuesta central de este texto busca tensionar las categorías sexo, género y mujeres, interrogándose acerca de posibilidades que surgen, desde las flosofías feministas, para construir modos de lo político que nos impulsen a expandir nuestros compromisos con las nociones de reconocimiento, sujeto y diferencia […]