Solidaria con la trayectoria del mundo contemporáneo, la teoría feminista ha vivido en las últimas décadas una agitada época ocupada en la revisión de su propia tradición y dedicada así mismo a la ampliación de intereses y multiplicación de enfoques. Una de las coordenadas que ha permitido ordenar conceptual, y también políticamente, este rico y sin duda complejo panorama es la oposición establecida entre el feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia. Se trata de una tipología clásica, y especialmente cultivada en el contexto académico español, que se hace cargo del intenso debate mantenido entre quienes sitúan la reflexión de género en la estela del proyecto ilustrado, comprometiéndola con los valores igualitaristas, universalistas y humanistas que lo vertebran, y quienes pretenden, por el contrario, desvincularla críticamente de este discurso acusándolo de androcentrismo. Este segundo frente tiene una significativa afinidad con el pensamiento postmoderno y, de idéntica manera que éste no se deja reducir a una única fórmula, el rótulo feminismo
de la diferencia se ha visto obligado a acoger movimientos muy diversos, y a veces un tanto dispares, que guardan a su vez relaciones varias con los planteamientos básicos del feminismo de la igualdad. Por su parte, esta otra denominación está lejos de ser unívoca, exigiendo así mismo precisiones y subdivisiones capaces de dar cuenta de la totalidad de sus alcances y desarrollos […]
ste artículo analiza la protocolorización del género en las universidades chilenas
como resultado de la institucionalización de las demandas estudiantiles feministas
del año 2018. Tomando conceptos de la teoría de la performatividad de Judith Butler,
el argumento que se desarrolla es que los protocolos son regulaciones normativas
que obedecen a formaciones de poder y versiones hegemónicas de conceptualizar el
sujeto mujer, y cuya falta de examinación, supone el riesgo de re naturalizar prácticas
y operaciones de exclusión derivadas del régimen político de la heterosexualidad.
Asimismo, la protocolorización de la violencia sexual, su objetivación en
procedimientos jurídicos y una semántica del hecho, si bien responde a una necesidad
de brindar mayor seguridad a l@s integrantes de la comunidad universitaria bajos
criterios consensuados, también corre el riesgo de ser reducida estrictamente a un
problema jurídico en que la dimensión más amplia de la violencia como son las
relaciones de género y el régimen político de la heterosexualidad, la pregunta por la
ética y la responsabilidad colectiva se difuminan bajo una racionalidad de
responsabilización individual propia de las lógicas (neo)liberales y que el feminismo
ha cuestionado profundamente en las últimas décadas. […]
Este artículo analiza el debate entre John Boswell y David Halperin en torno a los orígenes históricos de la homosexualidad masculina. Si para el primero es posible afirmar que existieron personas gays en la Antigüedad y el Medioevo, para el segundo la homosexualidad, tal como la conocemos, es un invento moderno. El artículo argumenta que entender este debate como un choque entre esencialistas y construccionistas sociales -tal como fue leído por sus comentadores- es problemático y sugiere una lectura alternativa a partir de las ideas de figuralismo e irrealismo. Como consecuencia, propone que además del esencialismo sexual, los estudios de género y sexualidad deberían desconfiar del esencialismo histórico y comprometerse con un pluralismo historiográfico. […]