Durante años se ha supuesto –sin hacer demasiadas preguntas– que existiría un punto de unión indivisible entre el feminismo y las mujeres, o más bien entre las prácticas y las políticas feministas y el hecho de ser mujer, como si ambas categorías, sobre todo la de mujer, existieran más allá de todas las demás estructuras que nombran, norman y jerarquizan el mundo. Sin embargo, sabemos que para el caso especifico de las identidades y las estructuras sexo-genéricas, aquello que observamos como cierto e irreductible, es decir, como lo natural, es en realidad una construcción simbólica muy bien articulada, generada y reforzada por tecnologías biopolíticas y de control, que actúan atravesando todos los cuerpos y las estructuras simbólicas que encuentran a su paso. […]
La diversidad sexogenérica se ha convertido recientemente en un tema que poco a poco va adquiriendo relevancia para la actividad docente en todos sus niveles formativos. En este artículo se somete a discusión cómo las diferentes formas de expresión de género de los cuerpos docentes pueden contribuir a producir nuevos significados sociales cuando éstos se articulan desde una mirada crítica, consciente y posicionada. Nuestra propuesta se basa en un acercamiento a esta realidad social desde una perspectiva encarnada, es decir, desde el conocimiento que se genera a partir de la propia experiencia de los autores del artículo a través de la auto-observación y la toma de conciencia de que los cuerpos inscriben también representaciones sociales. Para ello nos valemos del diálogo como una forma de metodología queer, que permite dar valor a la experiencia subjetiva y situada. La discusión propuesta se centra en tres ejes fundamentales: (i) la posición del profesorado ante la diversidad sexogenérica, (ii) las relaciones de poder que articulan la vida cotidiana en el aula y (iii) los retos de aplicar nuevas metodologías queer. […]
En este artículo abordo la serie televisiva The Handmaid’s Tale —creada por Bruce Miller y basada en la novela de Margaret Atwood— a fin de mostrar su potencia crítica de las narrativas del progreso para advertir la fragilidad de nuestras democracias y, como sostiene Giorgio Agamben, su contigüidad con los totalitarismos. Asimismo examino la forma en que la tercera temporada pareciera aplacar las mencionadas críticas a través del desarrollo de lo que Fredric Jameson denomina nostalgia del presente. Igualmente, siguiendo a Mariela Solana, investigo de qué sentidos políticos se cargan la esperanza y la nostalgia en tanto afectos cuyos significados no es posible establecer a priori. Finalmente, sostengo que en la serie existe una convivencia extraña y perversa de dos modos de entender la nostalgia que hacen estallar la dicotomía entre deseos que, según Sara Ahmed, nos redi- reccionan hacia formas sociales en las que ya se han depositado las esperanzas y deseos de cambio radical. […]