Los derechos de las personas trans, y lo que podríamos denominar como la
“cuestión trans”, han sido centrales para la teoría feminista, algo que se evi-
dencia por ejemplo con la publicación de la obra emblemática de la filósofa
Judith Butler “Cuerpos que importan” (2002). Los debates que se han venido
produciendo desde los años 90 y que llegan a la actualidad sobre cómo se
articulan sexo, género y sexualidad son imprescindibles en la articulación de
las luchas feministas, situando la consecución de los derechos sexuales y re-
productivos como una frontera emancipatoria. Estas discusiones también han
servido para poder situar y articular las relaciones entre diferentes movimientos sociales, como el feminismo o el movimiento trans, relaciones por otra
parte que no siempre están exentas de conflictos (Ortega y Platero, 2015).
En el Estado español la emergencia de los derechos sexuales y reproductivos ha estado ligada al momento de la transición democrática, cuando diferentes movimientos sociales comienzan su lucha más visible por la derogación de
la legislación discriminatoria (como la ley 16/1970, de Peligrosidad y Rehabilitación Social, y las leyes que situaban a las mujeres como dependientes de los varones de su familia o discriminaban a los hijos nacidos fuera del matrimonio, entre otros). En un tiempo récord se aprobaron leyes que garantizaban aquellos derechos democráticos básicos y se sientan las bases de aquellas luchas sociales que tienen que ver con la consecución de derechos sociales, que a su vez se han basado en la creación de ciertos sujetos políticos […]
En el presente artículo establezco, en el marco del feminismo de la Diferencia Sexual, una discusión sobre subjetividad política entendida fundamentalmente como experiencia de poder y deseo en las mujeres, constituida a partir de la des-identificación y desterritorialización de los lugares asignados de género, y expresada en una revolución cultural que desborda los marcos falocéntricos instituidos. […]
En México, el movimiento de mujeres emerge con las características sociales propias de un país producto de la invasión y dominación de las culturas indígenas por La conquista y colonización española. Es en este contexto que se inscribe la vida de las mujeres mexicanas. A lo largo de la historia, nuestro país no ha dejado de buscar la integración de estos orígenes en una nación mexicana que reconozca esta doble herencia. El movimiento de las mujeres o movimiento feminista nace y se desarrolla en este entorno inherentemente injusto, difícil, pero también combativo. Desde sus inicios, ha luchado abiertamente contra la opresiva moral católica que ha afectado la vida de las mujeres y su relación con los varones, tanto en la sexualidad, la familia y el trabajo, como en lo social y político. Reconocemos que la presencia de mujeres indígenas en las filas del EZLN contribuyó a legitimar la participación política e insurgente de las mujeres, no sólo em México, sino en el mundo. Este movimento imprimen una calidad a muchas organizaciones hacia los esfuerzos en contra del sistema capitalista, a deslindarse del feminismo que solo ve la subordinación a los varones y deja de lado las múltiples subordinaciones cotidianas y rastreras que nos impone el capitalismo bárbaro y salvaje que destruye no sólo al planeta, sino toda posibilidad de supervivencia humana en armonía y justicia. […]