“El libro versa sobre movimientos, prácticas y figuraciones queer dentro del contexto peninsular y europeo. Surgió de una serie de encuentros donde problematizamos tanto el concepto como las teorías y prácticas queer, y analizamos sus relaciones, acuerdos y desacuerdos con otros movimientos feministas, okupas y de gais y lesbianas. Es deudor de esas discusiones y de una particular visión de lo político: queríamos reclamar lo trans y lo inter de lo queer; queríamos hablar de las complejidades y contradicciones de las identidades múltiples; queríamos discutir las conexiones constitutivas de las diferentes opresiones; queríamos, también, hacer un texto que rompiera con el referente estadounidense y tuviera diferentes voces y tonos. […]
En 1982 se publicó en el Estado español el libro Nuestros cuerpos, nuestras vidas, traducción de Our Bodies, Ourselves (obos), un proyecto cuyo historial de elaboración y ediciones múltiples atravesó los años setenta en los Estados Unidos de América. Esta traducción fue la culminación, en España, de un tráfico discursivo que empezó a finales de la década de los setenta. Ese intenso ruido discursivo fue, en gran medida, producido gracias al proyecto obos, que una de las traductoras del libro conocía bien por su implicación en la primera traducción al español para Estados Unidos y que emprendió con ella un viaje transnacional entre ee.uu. y España. A partir de fuentes textuales de la época, que exponen la naturaleza fragmentaria, discontinua y parcial de la traducción, reflexiono en este artículo sobre las razones por las cuales este trasfondo proactivo de la traducción de obos merece atención. Este arroja luz no solo sobre aspectos singulares de un movimiento creativo de saberes subalternos, que se opuso a los discursos expertos de la medicina, sino también sobre la emergencia de un nuevo sujeto, autorrepresentado política y discursivamente, las mujeres, que desafió colectivamente la representación hegemónica tradicional de la mujer […]
Escribir produce ansiedad. Mirarme por dentro a mí misma y a mi experiencia, mirar mis conflictos, genera ansiedad en mí. Ser una escritora se siente muy parecido a ser una Chicana, o ser queer – mucha agitación, darse contra toda suerte de muros. O su opuesto: nada definido o definitivo, un estado de limbo ilimitado y flotante donde aguardo, me aquieto, me filtro, hiberno y espero que algo suceda. […]