En México, el movimiento de mujeres emerge con las características sociales propias de un país producto de la invasión y dominación de las culturas indígenas por La conquista y colonización española. Es en este contexto que se inscribe la vida de las mujeres mexicanas. A lo largo de la historia, nuestro país no ha dejado de buscar la integración de estos orígenes en una nación mexicana que reconozca esta doble herencia. El movimiento de las mujeres o movimiento feminista nace y se desarrolla en este entorno inherentemente injusto, difícil, pero también combativo. Desde sus inicios, ha luchado abiertamente contra la opresiva moral católica que ha afectado la vida de las mujeres y su relación con los varones, tanto en la sexualidad, la familia y el trabajo, como en lo social y político. Reconocemos que la presencia de mujeres indígenas en las filas del EZLN contribuyó a legitimar la participación política e insurgente de las mujeres, no sólo em México, sino en el mundo. Este movimento imprimen una calidad a muchas organizaciones hacia los esfuerzos en contra del sistema capitalista, a deslindarse del feminismo que solo ve la subordinación a los varones y deja de lado las múltiples subordinaciones cotidianas y rastreras que nos impone el capitalismo bárbaro y salvaje que destruye no sólo al planeta, sino toda posibilidad de supervivencia humana en armonía y justicia. […]
No es difícil estar en contra de la violencia y la opresión de género, la dificultad reside en reconocernos como opresores. Tal vez por eso nos haya resultado tan complicado escribir estas palabras.
Si bien sabernos oprimidxs nos empodera, reconocernos como opresores nos aterroriza. Tal movimiento implica asumir que las relaciones que estamos construyendo y reproduciendo se encuentran atravesadas por una violencia terrible que lleva milenios enquistada en nuestra
sociedad. Pero como dice una poesía de Gabo Ferro “Lo que te da terror te define mejor”: reconocernos opresores nos aterroriza por sobre todas las cosas porque implica reconocer nuestros privilegios y renunciar a ellos […]
En este artículo reflexionamos en torno a la noción de comunidad, a partir de un proceso de investigación etnográfico. Para realizarlo habitamos durante un espacio-tiempo en el Ateneu Cooperatiu La Base, una experiencia asociativa en Barcelona. Las nociones que compartimos en este texto, surgen de la articulación de: i) la experiencia de habitar en el colectivo; ii) las diferentes posiciones por las que transita una investigadora-activista y iii) las lecturas relacionadas con el campo-tema. […]